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Gustavo Rodriguez
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Sandro Venturo
Artículos de Gustavo Rodriguez


24/02/07 El Comercio
Abuelita, ¿cuándo bajas?

Las abuelas suelen ser las segundas madres de muchos chicos, y la de mi compañero no escapaba a esta afirmación. Ella era la matrona de la casa familiar en el cual él se crío, la comandante en jefe, la voz que alienta o aplana. Su dormitorio quedaba en el segundo piso y desde su balcón solía ver jugar a los palomillas del barrio y también lanzarles advertencias de voz ronca. Aquella habitación había sido alguna vez el aposento conyugal en el que tuvo que dormir a solas cuando su esposo falleció mucho antes de que yo supiera de ella. Los años no sólo se llevan las pasiones, también se llevan las acciones: con el tiempo, los pasos de la señora dejaron de sentirse en algunos rincones de la casa, y su voz en el balcón emblemático. Un mal a la cadera fue haciendo más cortos sus pasos, y la osteoporosis la hizo más cuidadosa con los peldaños. Para remate, aquellos ojos de lince que avistaban la menor pelusa en los muebles fueron perdiendo de a pocos sus funciones. Todos estos achaques trabajaron tan coordinadamente que, para cuando mi compañero obtuvo la mayoría de edad, la señora salía muy poco de su habitación. Se dice, sin embargo, que sus oídos no habían perdido juventud, y mucho menos su cerebro, por lo que la conversación se convirtió en su bastión de entretenimiento. Lo lamentable fue que el tiempo y los achaques quizá perdonen a una persona, pero jamás a una generación: sus amigas también empezaron a sufrir de males similares y, la mayoría dejó de visitarla por miedo a los escalones empinados que llevaban a su habitación. Los peldaños que ella solía bajar sin problemas eran ahora el problema. Sus hijos empezaron a preguntarse qué ocurriría si hubiera un terremoto y sólo estuviera en casa la frágil empleada incapacitada para bajarla a cuestas. O qué si a la abuela le daba algún ataque y sus quejidos no pudiesen ser escuchados en la primera planta, que era donde el resto de la familia pasaba el tiempo. Fue mi antiguo compañero quien sugirió mudar a la abuela a una habitación del primer piso. En aquel momento servía de depósito, pero con un poco de dinero podía quedar primorosa. La idea les gustó a todos: la abuela podría estar más integrada a la familia, podría compartir las comidas con todos, estaría a un paso de la calle para acompañarla a pasear más fácilmente y sus amigas podrían visitarla sin temer a la escalera.

Sin embargo, la sorpresa fue grande cuando la abuela se negó. “Aquí dormí de recién casada, y aquí dormiré para siempre”. Su frase hacía sentido al pasar la vista por la habitación: parecía un santuario dedicado a su matrimonio. Los retratos, recuerdos de viajes y aromas formaban el museo de sitio de casi cincuenta años de matrimonio. De nada sirvieron las razones. Ella no quiso sacrificar un poco de pasado para ganar un poco de futuro. Hace un tiempo supe que la abuela murió en su ley. Y no me hubiera hoy acordado de ella con tanta cercanía de no ser por un tema que, paradójicamente, era muy lejano a ella. Revisando unos apuntes sobre la pobreza en el Perú recordé que nuestros compatriotas más abandonados por el Estado son los habitantes de las zonas altoandinas. Son aquellos peruanos vecinos del ichu cuyas casitas vemos a intervalos, allá arriba, cuando viajamos por nuestras trochas serpenteantes. Desde un punto de vista logístico, económico y estratégico, lo más indicado sería reubicarlos juntos en locaciones menos remotas para llevarles de manera rentable todos los servicios y las conexiones al mercado que requieren. Pero, recordando a la abuela de mi amigo, más trabajo que la mudanza sería la tarea de convencerlos. Una labor pendiente para comunicadores, sociólogos, antropólogos y, por supuesto, para los políticos de buena fe.
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2007
 
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05/01/07 El Comercio
Camino al 19

Quien me ha citado en este enorme edificio de apartamentos es un viejo conocido que quiere hablarme de un proyecto de inclusión social. En el vestíbulo pienso en el último CADE y que su tema tuvo el mismo nombre. El ascensor se abre, meto el cuerpo, y el tema no me suelta. Inclusión social. Inclusión social.
2006
 
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02/11/06 El Comercio
Nuestra jarra de agua que se aclara.

Ayer temprano hubo una reunión interna en nuestra oficina. En ella se hicieron varias copias de un documento y, cuando todos salimos, una de ellas permaneció en la mesa. Las horas pasaron y, al atardecer, el papel seguía abandonado en el mismo lugar hasta que, en un arranque, nuestra compañera Jasna lo agarró exclamando una gran verdad.
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28/10/06 El Comercio
Ticket de cine, ticket de avión.

Camino del cine veo pasar un hermoso auto antiguo con un cartel de “se vende” en el vidrio posterior. Está tan bien cuidado que provoca anotar el teléfono, pero mi realidad financiera me detiene. Para otro año será. Sigo caminando, y en un poste cerca del cine veo un papel pegado que dice “laqueo muebles”. Si justo necesitara remozar un mueble de mi casa, y no tuviera un carpintero de confianza, seguro que lo tendría en cuenta, pero paso de largo. Hoy recuerdo esa salida al cine y veo de qué manera, cuando nos urge publicitar algo, pensamos primero en aquellos medios que resultan los más obvios.
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28/10/06 - El Comercio
Amargura a las 7 am.

Cuando mi primera hija nació no traía un manual de instrucciones engrapado al cordón umbilical, así que su educación se desprendió de nuestras propias entrañas. Uno de los principios en los que mi esposa y yo coincidimos intuitivamente, y que recuerdo a propósito de este artículo, fue el de darle mundo desde pequeña.
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30/09/06 - El Comercio
El jueguito de escoger candidato

Quite este periódico de su vista y salga a la calle. Detenga a diez personas que aparenten una buena condición económica y pregúnteles: ¿Le parece que Mercedes Benz es un buen automóvil? Lo más probable es que le respondan que sí.
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16/09/06 - El Comercio
Artículo con advertencia

Lo advierto desde ya: este artículo va a terminar en un cherry. Pero antes de que llegue ese instante, debo comentar el caso de Laura, una persona cuyo nombre he cambiado. Ella asistió conmigo a un seminario de InnovAcción, un movimiento de profesionales que busca la transformación real de las organizaciones. Aquel sábado en la tarde practicamos un ejercicio para entender hasta qué punto nuestros procesos inconscientes como seres individuales alcanzan la dimensión de sistema dentro de las organizaciones. Acompáñeme al auditorio de aquel hotel apartado de la ciudad.
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22/07/06 - El Comercio
El huevo y la publicidad del estado

Un antigua fábula publicitaria explica por qué los seres humanos comemos huevos de gallina y no de pata, cuando ambos son similares en sabor y valor nutritivo. La razón estaría en que la gallina cacarea luego de haber puesto el huevo, mientras que la pata se queda callada
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08/07/06 - El Comercio
Disculpe la cantaleta

Hace cinco años no se hablaba del monumental éxito del MegaPlaza en Lima Norte, ni del éxito de un Sodimac en San Juan de Miraflores . Hace cinco años ni se hablaba de Lima Norte, tan solo del “Cono” Norte. Hace cinco años no se había resaltado que nueve provincias peruanas ya tienen un mayor índice de crecimiento que Lima. Hace cinco años no se había batido el récord histórico de nuestras exportaciones. Hace cinco años ni el 0.5 % de nuestra población tenía idea de lo que era firmar un TLC.
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08/04/06 - El Comercio
Antes de mañana

Estimado José Carlos,
Mañana son las elecciones, y quizá estés algo más nervioso que la última vez que nos vimos.
Tal vez recuerdes me llevaste a un lado y me dijiste:
- ¿Qué podemos hacer para que Humala no sea presidente?
Yo me encogí de hombros, y te dije:
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11 de marzo de 2006 - El Comercio
A propósito de una llamada

¿Qué tendrá que ver la llamada de una modelo publicitaria con los conflictos mineros de nuestro país? Quizá más de lo que imagina. Hace unos meses le tocó a mi empresa diseñar una campaña gráfica, y nuestro cliente decidió tratar la producción de las fotografías con una compañía aparte
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4 de febrero de 2006 - El Comercio
Dime lo que miras, y te diré por quién votas

Hojeo periódicos, repaso canales, y encuentro toda clase de comentarios sobre el alza inesperada de Lourdes Flores en las encuestas y el estancamiento de Ollanta Humala. Me provoca sumarme vanidosamente a los columnistas que explican las razones pero, antes, deseo recordar mi primer beso.
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7 de enero de 2006 - El Comercio
Este artículo casi no es mío

Me paseo ante unos antiguos libros míos y me reencuentro con un lomo blanco que, en inglés, dice algo parecido a "Historia de la Publicidad que cambió la Historia de la Publicidad". Lo abro y, después de años, me encuentro con la mirada amable de William Bernbach (1911-1982), el publicista norteamericano más influyente de la historia y, según Advertising Age, el escritor más influyente de todos los tiempos debido al talento que tuvo para persuadir a generaciones para que probaran los productos en los que él creía.
2005
 
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24 de diciembre de 2005 - El Comercio
El frasco con apéndice.

Hace unas semanas mi buen amigo Guillermo Giacosa presentó su primer libro ante un grupo de emocionadas personas. Aquella noche, el cable del micrófono trasladó a nuestros oídos una serie de anécdotas electrizantes vividas por él. La mayoría de ellas bien podría ilustrar páginas sobre aprendizajes de vida. Sin embargo, una de ellas me pareció propicia para esta página en particular. Por favor, acompáñeme a imaginar a Guillermo en su pequeña cama.
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10 de diciembre de 2005 - El Comercio
Queridas tiendas por departamentos

Estimados señores,
Es posible que esta carta sea tomada por ingenua, pero igual la enviaré. Riesgos más grandes he tomado en mi vida. Aunque no tantos como los que enfrenta un peruano promedio cuando afronta nuestra realidad nacional.
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