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| Tambogrande / Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) |
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Comunicacion estrategica y publicidad |
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Encargante: Comisión Episcopal de Acción Social
Realización: La Perrera
Año: 2002
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En el Valle de San Lorenzo, en Piura, existía un enfrentamiento cada vez más polarizado entre los pobladores de Tambogrande y los funcionarios de la Minera canadiense Manhattan. La empresa venía realizando los estudios de impacto ambiental y estaba a punto de entregar el expediente respectivo al Ministerio de Energía y Minas para obtener la licencia y así iniciar las operaciones en una zona que afectaba considerablemente tanto al pueblo como a la zona agrícola del valle. Los pobladores por su parte no estaban, ni estuvieron nunca, dispuestos a negociar. Lo suyo era inmutable.
El Frente de Defensa de Tambogrande y las ONG que lo apoyaban decidieron organizar una campaña a propósito de la convocatoria a una consulta popular convocada por la Municipalidad distrital. Entonces se diseñó una campaña en dos fases. En la primera, se buscó posicionar la problemática de esta localidad como un asunto de interés nacional. Fue así que se realizó una campaña de intriga que incitaba a la protección del limón de Tambogrande (con el cual se prepara el cebiche peruano, un símbolo nacional). Esto pegó inmediatamente en la opinión pública. La segunda etapa consistió en transformar el NO contra esta operación minera en un contenido afirmativo a favor de "la agricultura y la vida".
La campaña se apoyó en las radios regionales, las bocinas de los mercados, los afiches, las banderolas y las visitas casa por casa en cada uno de los caseríos del distrito. También en un sitio web que aún funciona como espacio de encuentro y debate.
El resultado de la consulta popular fue un rotundo éxito. Se obtuvo el 98.60% de apoyo de los pobladores quienes asistieron voluntariamente (es más, el margen de ausentismo electoral no fue menor que el registrado históricamente en la región). Si bien la consulta no tuvo carácter vinculante con el proceso seguido por Manhattan ante el Estado, lo cierto es que la voluntad del pueblo de Tambogrande produjo un nuevo reacomodo de fuerzas entre los actores involucrados. La empresa debilitó su voluntad. Los funcionarios del Ministerio recularon. Y la opinión pública celebró el acontecimiento sin reparos.
Todo esto pudo haber servido, tal como se propuso en su momento, para plantear un debate nacional acerca del desarrollo del mundo rural en el Perú y la relación sinérgica que debe existir entre la minería, la agricultura y las principales actividades propias del campo. Dado que los actores no estaban dispuestos a construir un escenario programático como éste, la exitosa experiencia de Tambogrande sólo será recordada como una movilización local que defendió sus intereses frente a la prepotencia de un capital transnacional. Queda pendiente el debate mayor.
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